miércoles, 28 de octubre de 2009

:: Echo ::


"Don't care about all the pain in front of me...
I just wanna be happy"


Queridos lectores,

No lo puedo creer. Se viene lo nuevo de Leona Lewis. La diosa de mi pareja. La consentida de Simon Cowell vuelve, después del exquisito Spirit, publicado en 2007, a conquistar el mundo con su "balada poderosa" –tremendo mote, impuesto por los mass media. En lo personal, de Spirit, rescato una que otra canción, porque, en lo personal, no soy adicto a este tipo de música (Y eso que me encantan las viejas glorias de la Mimi Carey). Pero, de todas formas, con Happy, el nuevo single, que se desprende de Echo, he vuelto a enamorarme de ella. Es una rola reivindicativa, que la coloca, no solo como una voz a la que debemos prestar atención, aunque digan que es más manufacturada que todos los egresados de American Idol juntos, sino como una de las Wanna-Be Divas, próxima a ser objeto de culto (si no lo es ya) de todo el colectivo homosexual. Y, de uno que otro hetero enamoradizo, que cae prendido en las redes, de su melodiosa voz.

Solo espero, Leona querida, que no te pase lo mismo que a tus influencias (Whitney, con las drogas y su Bobby Brown; o Mimi, con su crisis mental, y la pérdida de su voz... y lo que se ponía para salir a cantar).

P.d. San Simon Cowell, protégela de las malas compañías, please. Léase Lesbo Lilo, Paris Hilton, entre otras adoradas. Y acércale a colaboradores exquisitos, como las de OneRepublic en su nuevo disco.

Para escuchar Happy, haz clic aquí.

viernes, 23 de octubre de 2009

:: 15 Placeres Culposos para Volver a Publicar ::

"Es que nunca nos dimos cuenta
que vivir no es solo ir y venir de vuelta
Dime…
¿Para qué sirvieron tantos sueños
escondidos tras las puertas?"

– Luis Enrique (2009)


:: Confessions on the Queer Room ::


Día D. Volví a escribir. A redactar mis más bajas pasiones, desde hace un buen tiempo. Quiero confesar lo que no he podido decir en más de un mes. Y, para que quede claro, no "bloggeaba", porque no encontraba de qué escribir. Veamos, que les puedo contar, en estos exquisitos momentos de desahogo.

1.- Oficialmente odio el Periodismo (Y no es porque no me gusta). Mientras reflexionaba en mi sala de estar, pensaba en ello. No implica que no me guste; al contrario, pienso en las desventajas de tener una profesora "extraña". En todo el sentido de la palabra. Y me lamento de no ser chera, porque, si lo fuera, iría re-que-te-contra bien. No le importa que sea gay, pero el hecho de hacerlo ver a uno mediocre, sin tomar en cuenta la orientación sexual, es intrigante. Y, pensando en que tendré que lidiar con editores locos, como ella, no me llama la atención. Antes freelance que esclavo de alguien así.

2.- Mi madre, creo yo, anda enojada conmigo. ¿Por qué? No, no es porque le haya dicho que soy gay. No, eso lo dejo para después. Se encuentra así, porque me enojé con ella un día en que me preguntó sobre la misa de mi abuelita. ¿La razón de mi enojo? Porque dice que le doy más prioridad a los estudios... "y que eso me pone celosa". ¡Por Dios! Si no estudiará, creo que me moriría de aburrimiento. Y, segunda cosa, nadie se acordó de mi abuelita (cosa curiosa y desagradable), salvo mi tía con la que vivo.

3.- Adoro diseñar. Creo que es la única materia que, en este ciclo, me reivindica como persona. Mi profesor de Diseño es encantador. Aparte de ser queer como yo. Y porque tenemos un sentido del humor similar. Y, sí, José Manuel, creo que el segundo nombre de la clase sería Dictadura y Despotismo, porque uno diseña, y la plebe tiene que hacerlo como uno dice. Punto.

4.- Me encantó Sicko, de Michael Moore. Haré un diagnóstico de comunicación, de esa película. Me encanta, por dos razones. Uno: le encanta a mi profesora. Dos: Me fascinó diagramarle el trabajo. Tres: Me garantiza una mejor nota, que la plebe, de mi sección, que lleva la materia conmigo. Cuatro: Cuando expuse mi anteproyecto, noté el interés de mi profesora; en cambio, con los otros grupos, mostró su total aburrimiento.

5.- Quiero hacer dieta y ejercicio. Lo acepto. Estoy gordo. Ya no me queda la ropa. Muero por hacer dieta, pero tengo miedo. Miedo de que me digan que estoy mal, físicamente. Lo prometo... Desde este día, me comprometo a hacer algo. Y me consta, lector, que si no lo hago, tú serás el primero en juzgarme con ahínco y desmesura. ¿Oki?